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01/07/2008

De mi serias humanas... segundo monólogo

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Aniversario

 

 

Uno siempre piensa  “a mi no”, “esas cosas siempre le suceden a los demás…” sobre todo en la fábrica, donde me paso más de la mitad de mi vida, donde cada uno sabe las miserias del otro… Que no son pocas, y por más tiempo que se guarden los secretos, un buen día, dejan de serlo para convertirse en el comentario de todos y en la burla de muchos. Porque, a decir verdad, uno pasa con esos mugrientos tanto tiempo, que si ese día te agarran medio flojito o sensiblucho, a algún energúmeno le contás lo que te pasa… y como ese energúmeno también algún día está un poco lengua larga, se lo cuenta a otro. Y es una cadena que no termina nunca. Sobre todo en la parte de producción que, de tanto hacer lo mismo, se habla más de la cuenta con las chusmas del conventillo. Así les digo yo, porque son tipos grandes y siempre andan metiéndose con media humanidad.

Si una vez, a Chiqui, lo tuvieron de punto como un mes, porque el boludo le había contado a una de éstas víboras que ya no podía tener sexo con su mujer porque no le funcionaba el miembro más viril. Imagínate ahí, los zánganos éstos. Con decirte, que al principio yo también me reía, pero al final me dio pena porque se pegó un faltazo de una semana por pura vergüenza. Hay que ser hijo de su madre… porque no está mal reírse un poco de la desgracia ajena, porque eso era una desgracia!, pero tampoco la pavada.

Y a mí también me tocó, no esto de que no me funcione, noooooooo, porque yo soy bien hombrecito, me tocó otra lotería que nunca me esperé.

Marta, mi mujer, siempre había sido una señora de su casa, que con los años, como todas las mujeres, empezó a engordar y a descuidarse y dejarse estar… pero bueno, yo la quería igual, era mi mujer y la había elegido para toda la vida. Ella había sabido criar a los pibes admirablemente y cocinaba como los dioses; qué más se le puede pedir a una esposa?... Y de vez en cuando, algún sábado, la alegría que tocaba, cuando los pibes comenzaban a ir a los bailes esos, nos quedábamos solitos y hacíamos nuestras cosas. Y si el domingo no perdía racing, el lunes yo llegaba hecho una pinturita y ya me podían venir con mil cuentos, que todo me parecía hermoso. “Ah si? Mira vos! Pobre!” y más pancho que ancho seguía en mis labores.

Un buen día Marta, empezó a deprimirse, fue a unos cuantos médicos y no daban con el problema, así que le propuse que hiciera algo por ella; al menos hasta que vinieran los nietos, cosa que parecía no llegar nunca, porque los pibes ahora andan muy alocados, ya no piensan en casarse, ni en tener hijos. Yo no sé en qué diablos piensan.

Y bue… se anotó a un grupo de estos que van las mujeres de su edad para aprender italiano. Italiano? Sí, yo me quedé igual… no lo podía creer, pero a ella se le metió en la cabeza y cuando algo se le pone en el marote andá y sacáselo.

No solo que siguió con italiano, sino que empezó a arreglarse cada vez más y a pedirme más sexo y adelgazó y de repente un día la miré mientras estaba cocinado y yo recién llegaba de la fábrica y la vi, como 20 años más joven, qué digo? Nunca, ni cuando jóvenes la había visto así y eso que llevamos casados casi 30.

Cualquiera en mi lugar se habría alegrado, pero yo ya me estaba empezando a preocupar, me hacía planteos muy extraños, me contaba qué cosas sentía cuando miraba el cielo, o que le gustaba que le tocara allá o acá y que tan solo la acariciara y me dejaba pagando…

Yo cada vez estaba más angustiado, hasta que un buen día empecé a sospechar que quizás tendría un amante… comencé a llegar a casa más temprano, indagué sobre sus amigas y nada. En las clases de italiano todas eran mujeres, hasta la profesora… madre mía!!!! Qué carajo le estaba pasando a esta mujer?

Me calmé un tiempo, pero sin bajar la guardia… seguí expectante…

Aquel día fui a buscarla al finalizar el curso amigo mío, era nuestro aniversario, quería sorprenderla con un ramo de flores, no sé, invitarla a cenar por ahí, que hacía mucho no salíamos a ningún lado… y de solo recordarlo se me ponen los pelos de punta mirá…

Salieron todas  las alumnas muy dicharacheras… y Marta que no venía. Déle esperarla y no salía. Yo quería darle una sorpresa y la sorpresa me la dio ella a mí, y vaya que sí me la dio. Menudo regalo me dio. A los 15 minutos sale mi esposa, la que era mi esposa,  de la mano de su profesora, se quedan un rato hablando y riendo, a los pocos minutos la besa en la boca, se abrazan y cada una por su lado… … … qué me contás?

Uno siempre piensa a mí no, hasta que a vos sí.

Martes, 01 de Julio de 2008 04:26. Autor: Susi. sueños despiertos. Tema: Costumbres Argentinas No hay comentarios. Comentar.


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